El Plan B les quita la silla, pero nadie les quita lo cínico: De legisladores reprobados a «testigos» del desfalco y el huachicol
DE PRIMERA …. LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA …… 10 DE ABRIL DE 2026
PECADOS CAPITALES
Finalmente, el Plan B de la Reforma Electoral ha aterrizado con la fuerza de un rayo, y no precisamente para iluminar a nuestra clase política, sino para quemarles el colchón de privilegios. Con su aprobación constitucional este abril de 2026, el mensaje es fuerte y claro: se acabó la época de las planillas municipales que parecen listas de invitados a una boda familiar.
Uno de los puntos más letales para la «política de arrabal» es la reducción obligatoria de regidores. ¡Vaya golpe al hígado para los partidos! Se acabó el deporte nacional de meter a 20 o 25 personajes en el cabildo para pagar favores o acomodar al «chapulín» desleal que brincó de bando a cambio de una silla. Ahora, con un máximo de 15 regidores por municipio, la competencia por el hueso será una carnicería.
Entre cortinas de humo y el «Enjambre»
Pero mientras la reforma intenta limpiar la burocracia desde el papel, en las calles la realidad es más oscura. Se habla del Operativo Enjambre como la gran medicina contra la narcopolítica; sin embargo, para muchos ciudadanos, este despliegue huele más a cortina de humo que a justicia estricta. ¿De qué sirve un «enjambre» de patrullas si los expedientes de políticos señalados —especialmente en regiones calientes como Tamaulipas— siguen durmiendo el sueño de los justos?
La justicia no debe ser un espectáculo de temporada electoral, sino una aplicación rigurosa de la ley contra aquellos que han convertido el servicio público en un modus vivendi al amparo del crimen organizado y el huachicol.
Para entender por qué es necesaria esta cirugía mayor, solo hay que mirar a los «testigos silenciosos» que hoy pretenden seguir viviendo del erario. Ahí tenemos a la diputada federal de Reynosa Claudia Hernández, quien ha servido más como una espectadora de lujo en el Congreso de la Unión que como una gestora real. Con cero iniciativas aprobadas y un historial de ausencias que envidiaría cualquier estudiante en vacaciones, Hernández es el retrato hablado de por qué el sistema electoral necesitaba esta sacudida.
Ella, al igual que otros tantos que se mueven solo cuando el calendario marca «campaña», representan esa política de simulación. Son personajes que han visto pasar los problemas de Reynosa —Tamaulipas, Mexico, la inseguridad, el bacheo, la inmundicia— desde la barrera del fuero, sin mover un solo dedo, pero cobrando puntualmente.
Adiós a los lujos y a la impunidad
La reforma no solo quita sillas; quita lujos. Al topar el presupuesto de los congresos al 0.70% y prohibir los bonos bajo la mesa, el sistema le está cerrando el paso a los parásitos. El que quiera dinero, que lo trabaje; el que quiera poder, que demuestre lealtad al pueblo y no al patrón que le regaló la candidatura.
Resulta cínico ver cómo ahora, con las reglas cambiadas y menos puestos a repartir, estos «testigos» de la ineficiencia empiezan a desfilar por las colonias. Ahora sí conocen el camino al sector popular. Pero el electorado ya no tiene los ojos vendados.
Si el Operativo Enjambre no termina de limpiar las oficinas públicas y el Plan B solo reduce el número de sillas sin mejorar la calidad de quienes las ocupan, seguiremos en lo mismo. Reynosa y Tamaulipas no necesitan más «chapulines» con suerte, sino autoridades que tengan la frente limpia y las manos ocupadas en trabajar, no en pedir otro ascenso que no se han ganado.
¿Cómo la ven? ¿Será que el miedo al «enjambre» o al recorte presupuestal los hará finalmente servir al pueblo?
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