Esta es la historia de San Nicolás y de un maestro que decidió no rendirse.
San Nicolás es uno de los municipios menos conocidos de Tamaulipas, una comunidad donde la mayoría de su gente es mayor y donde la escuela rural lo es todo. Ahí trabaja Guillermo Jahaziel Maldonado Pineda, director, maestro, administrativo y profesor de educación física… un poco de todo, pero sobre todo, un maestro con vocación.
Guillermo recuerda que el primer día que llegó a la escuela no había agua. Los niños pedían ir al baño y no había cómo. Aun así, nunca perdió el impulso de seguir adelante, porque su corazón de maestro rural siempre le ha ganado: ayudar a quienes menos tienen lo trae en la sangre
Cuando el gobernador Américo Villarreal Anaya visitó la comunidad, convivió con las y los alumnos y escuchó sus necesidades. Ese día, los niños pidieron algo sencillo: bicicletas. Tiempo después, recibieron esas bicicletas como regalo de Navidad, junto con agua, un tanque Rotoplas, sillas, mesas, internet y mejores condiciones para aprender.
Además, llegaron camionetas que hoy permiten el traslado no solo de los alumnos de primaria, sino también de la telesecundaria y el bachillerato. Cada promesa cumplida se convirtió en bienestar y en un nuevo impulso para avanzar como comunidad.
Guillermo está convencido de que cuando un maestro comprometido se queda en una escuela rural y recibe apoyo, los niños no se quedan atrás. San Nicolás es prueba de que, cuando se escucha a la gente y se actúa, la educación también transforma vidas.

