PACTO BROWNSVILLE-MATAMOROS: LA CÚPULA QUE OPERA EN TAMAULIPAS, PERO DUERME DEL OTRO LADO DEL RÍO BRAVO
DE PRIMERA ……LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA -03 DE AGOSTO DE 2026
La olla a presión y los «iluminados»
México es hoy una auténtica olla de presión a punto de reventar. Vivimos un escenario que recuerda al año 2018, cuando la cúpula del poder no tuvo de otra que ceder el relevo para evitar un estallido social o una revolución. Si el gobierno en turno no atina a bajarle el fuego al fogón, las cosas van a rebasar a las instituciones.
Por eso no es casualidad que la llamada «elite de los iluminados» —esos grupos de poder que desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari para acá han movido los hilos del país— ya estén manos a la obra. Se reúnen, dialogan y tejen alianzas (unas por la vía legal del INE y otras muy por debajo del agua) buscando estabilizar el entorno social antes de que el descontento popular colapse. La gran diferencia es que hoy no estamos en el siglo pasado: el siglo de las comunicaciones y la inmediatez de las redes sociales le han dado a la ciudadanía una válvula de escape y de denuncia que antes simplemente no existía. Nadie puede operar en la sombra sin que el internet lo desnude al minuto.
El peso de Matamoros y las fichas en el tablero
En este juego de fuerzas, Matamoros no es un espectador cualquiera. Nuestra frontera no solo es atractiva por su economía, sino por su enorme peso electoral: es esa plaza decisiva que lo mismo te levanta una candidatura que te hunde una elección. Y cuando los partidos se equivocan imponiendo perfiles que no dan la talla, el electorado no perdona y se repliega.
Por eso la expectativa está por los cielos y se habla de movimientos hipotéticos que podrían darle un giro de 360 grados a la contienda local, trayendo sorpresas que más de uno no se espera.
Ahí está el reciente movimiento que generó Ramón Antonio Sampayo Ortiz. Lo que pasó hace unos días no fue ningún sueño ni espejismo; fue la primera piedra de un proyecto de reinversión política que muy pronto empezará a colocar fichas en escenarios de primer nivel.
Por otra parte, el nombre de Baltazar Hinojosa Ochoa suena cada vez con mayor fuerza en las conversaciones de peso. Catalogado por muchos sectores como uno de los dos mejores alcaldes que ha tenido Matamoros en los últimos 30 años, el político matamorense tiene sobradas razones para meterle la mano al tema: le interesa ver un mejor México, pero además hay un factor clave, su faceta como agricultor. El campo es un sector vital, históricamente lastimado y desplazado, que exige atención urgente y representación real en las decisiones del país.
Canta el gallo… si la autoridad despierta
Antes de lo que canta un gallo, habrá muchísimo de qué hablar sobre estos personajes y las alianzas que se están cuajando. La cosa va en serio.
Sin embargo, el éxito de cualquier proyecto o la tranquilidad del país no dependerá únicamente de las reuniones secretas ni de las estrategias de café. La moneda está en el aire y la responsabilidad primaria recae en las autoridades: o hacen su chamba de fondo para contener la violencia, detener la corrupción y frenar los temas que tienen mella en la sociedad, o la temperatura de la olla a presión terminará por votar la tapa. Tiempo al tiempo.
Dicen que la política no descansa, pero en la frontera más bien no tiene vergüenza. Mientras el país entero se debate entre el fuego cruzado de la violencia y una impunidad que ya raya en el cinismo, a ambos lados del río Bravo —entre las mesas de cafés matamorenses y las residencias de Brownsville— la clase política ya se sirve el plato del 2027.
Resulta fascinante la acrobacia moral de algunos: operan, cobran, hacen negocios y mueven piezas en Tamaulipas, pero duermen plácidamente del lado americano. Hay de todo en este laboratorio binacional: desde los empresarios que juegan al ajedrez electoral, pasando por los exalcaldes que añoran las viejas glorias, hasta aquellos que traen la soga al cuello y buscan desesperadamente una «tabla de salvación» jurídica o política.
Y es que el mapa nacional se puso color de hormiga. La ambición al calor de las siglas de partido desató una carnicería judicial: unos metidos en enredos por huachicol, otros por ligas con el crimen organizado, y varios más por los clásicos y nunca bien ponderados desvíos de recursos y lavado de dinero. Ojo, este no es un mal exclusivo del presente, pero sí un mal que en este gobierno se ha agravado de forma alarmante. Claro está, si los partidos del pasado perdieron la credibilidad fue precisamente por sus propios excesos y errores; la lección es dura pero obvia: como sociedad no podemos tropezar con la misma piedra.
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